Empieza el viaje: somos ciudadanos de la Antigua Roma

En su primera aventura los alumnos ALIA2 de 2ºESO del IES La Mola se convierten en ciudadanos romanos por un día. En la clase de Sociales se han situado en el tiempo y han aprendido cómo vivían los habitantes del gran Imperio Romano. Han estudiado cómo era la sociedad, los lugares más importantes de las ciudades romanas, sus magníficas obras públicas… Han comprobado también que su lengua, el latín, se extendió por los territorios conquistados y se convirtió muy pronto en imprescindible para los hombres y mujeres que empezaron a poblar las nuevas ciudades romanas.

Las huellas de los romanos aún son visibles en muchas de las ciudades que los alumnos conocen y, por supuesto, en sus lenguas: el castellano y el valenciano son lenguas romances, dos evoluciones del latín del pueblo. Así que los ALIA2 lo han tenido muy fácil para meterse en la piel de patricios, plebeyos, esclavos, senadores, mujeres, soldados… Han viajado en el tiempo para contar en primera persona cómo es un día de su vida en la Antigua Roma. Son textos ficticios, inventados por ellos mismos. Han investigado, han aprendido, han utilizado herramientas modernas para viajar al pasado y, sobre todo, han utilizado su imaginación, y cuando uno viaja con la imaginación casi todo es posible.

Además, han investigado los nombres de aquellos dioses que aún hoy forman parte de nuestra cultura, los protagonistas de la mitología que inspira obras artísticas en la literatura y el arte. En la clase de Valencià han expuesto oralmente sus descubrimientos y se han ayudado con presentaciones de diapositivas elaboradas con distintas herramientas.

   

La inspiración

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MUERE LENTAMENTE

Muere lentamente quien se transforma
en esclavo del hábito, repitiendo todos los días
los mismos trayectos, quien no cambia de marca,

no arriesga vestir un color nuevo
y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente quien evita una pasión,
quien prefiere el negro sobre blanco
y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos
y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea
la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto
para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo menos
una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee, quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente, quien pasa los días
quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente, quien abandonando
un proyecto antes de iniciarlo,
no preguntando de un asunto
que desconoce o no respondiendo cuando le
indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas,
recordando siempre que estar vivo
exige un esfuerzo mucho mayor que
el simple hecho de respirar.

Solamente la ardiente paciencia hará
que conquistemos una espléndida felicidad.

Martha Medeiros (Porto Alegre, 1961), publicista, escritora y poetisa brasileña. Cronista del periódico Zero Hora, de Brasil.

La idea

eb92cc3994c647415701961f495449bdLa idea surgió hace unos meses entre unas profesoras inquietas que contagiaron rápidamente a otros su afán por revolver la clase y trabajar con los alumnos “de otra manera”. Dijo J.L. Sampedro que “para enseñar hay que tener cariño a las personas a las que se enseña y luego hay que provocarles para que sean ellos y no hechuras tuyas”, que “amor y provocación” son “la verdadera pedagogía”. Queríamos ver a los alumnos actuar, ser verdaderamente protagonistas de su aprendizaje; porque estábamos convencidas de que sólo cuando son ellos los que construyen, sólo cuando utilizan lo que aprenden aumentan verdaderamente sus competencias. La idea no era original: desarrollar las competencias a través del trabajo colaborativo, cooperando entre ellos y relacionando contenidos de distintas asignaturas. El objetivo, sin embargo, era de lo más ambicioso: mejorar en nuestros alumnos la competencia comunicativa, ofrecerles la oportunidad de trabajar en equipo y aprender investigando, desarrollar su pensamiento crítico, estimular su creatividad… Se nos ocurrió que les resultaría interesante comprobar que lo aprendido en una asignatura se podía utilizar en otra y que los recursos compartidos multiplicaban su productividad. Nos ilusionó la idea y empezamos a trabajar. El proyecto tenía que ser realista, así que hicimos recuento de nuestros recursos materiales y humanos, intercambiamos currículos, buscamos coincidencias en nuestros horarios, lo comunicamos a nuestros respectivos departamentos y… la idea se transformó en ALIA2. Antes de que empezara el curso las profesoras implicadas ya habíamos empezado a aprender. Éramos conscientes de que no podíamos enseñar nada que no hubiéramos experimentado primero. Compartimos implicación, entusiasmo e ilusión así como un continuo deseo de mejora. Apostamos por la transformación en la metodología, el trabajo cooperativo, la introducción de las nuevas tecnologías y, por supuesto, la planificación y organización del trabajo de manera coordinada del profesorado. Y así empezamos a planificar actividades conjuntas que permitieran razonar y reflexionar a nuestros alumnos y, al mismo tiempo, expresar y compartir emociones y experiencias.